miércoles, 16 de septiembre de 2009

todos locos

Imagina por un momento que vives, no sé, en Irak, eres mujer, quedaste con unas amigas, una de ellas es muy "libertina" y se pidió una cerveza, la sotuviste en tus manos durante sólo un segundo, pero dio tiempo a que un conocido de un conocido de un amigo de tu marido o de tu padre te viera, llegas a casa y comienza el apocalipsis. Resultado, mueres apedreada, eso sí, en las noticias dicen que no sufriste, a pesar de la humillación, de que hasta los niños te escupieran, no sufriste porque una de las piedras dio donde tenía que dar para que murieras en el acto.

Ahora imaginemos que eres negro, vives en los Estados Unidos, sobre 1870, año más o año menos, tu eres libre, la esclavitud se abolió hace algunos años, pero algunos de tus vecinos blancos opinan que las tradiciones son las tradiciones, y un día, de noche, estás llegando a casa y se te acercan un grupo de jinetes, sabes que van a por tí, corres, te rodean, te fustigan, se ríen, te caes, te levantas, no puedes más, sólo quieres que paren, en estas, se cansan y te pegan un tiro que te deja frito, probablemente los justicieron durmieron con la conciencia tranquila porque muriste en el acto, no sufriste.

Y si resulta que eres una niña, en pleno siglo XXI, en cualquier país del mundo, tus padres son musulmanes y les da igual lo que digan las leyes del pais donde viven, la tradición es la rtadición, te trasladan a su país de origen y con una bonita ceremonia te cortan el clítoris para que no seas más impura que lo que la propia feminidad es. Con un poco de suerte volverás a las clases con un marido 20 años mayor que tú. La tradición es la tradición y hay que conservarla.

Os parece horrible y atroz, increible que hable con tanta ligereza de esto, pero a la hora de hablar de zorros, o toros, o cabras, o pavas, es diferente, es tradición y hay que conservarlas. Increibles los comentarios de la alcaldesa de Tordesillas "el toro no sufrió". Si llamamos sufrir a que cuando le asestaron la última lanzada, murió, vale. Pero fue un sufrimiento de más de media hora, corriendo sin rumbo, sabiéndose en peligro y rodeado de energúmenos.
Por cierto, al que me venga con el consabido comentari de que si no exisitieran este tipo de eventos el toro desaparecería, le daré mil argumentos por los cuales le diriía que no importa si desapearece ya que la opción es mucho peor o que no desaparecería porque, que yo sepa, las vacas vienen de algún lado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora imagina que eres lesbiana, en Madrid, en un instituto rodeada de niñatos fachas...tu nos puedes contar muy bien que se siente verdad??? y no esta tan lejos...

Alba dijo...

la manía que tiene la gente de mezclar churras con merinas y la velocidad con el tocino.
nena, a ver si nos centramos, si te apetece rememorar viejos tiempos un día quedamos a tomar un café o escribes tu propio blog.
Lo de poner "anónimo" me parece de muy mal gusto.
espero que aprecies el detalle de que no borre el comentario :)